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“Es en el cerebro, donde todo tiene un lugar”

Oscar Wild

La Estructura.

 

Cada zona del cerebro humano tiene una función específica: transformar sonidos en habla, procesar color, percibir miedo, reconocer una cara, o distinguir un pez de una fruta. Pero no se trata de una colección estática de componentes, cada cerebro es un caso especial, constantemente cambiante y exquisitamente sensible a su entorno.

Hasta hace muy poco todos estábamos de cierta manera programados en un diario vivir con una rutina más o menos estable y/o permanente. Nuestro cerebro y cuerpo se ha estructurado para estar listo al levantarse por la mañana, comenzar a funcionar y por la noche descansar. Mantener un orden, no sólo es un hábito humano aprendido, sino que, es esencial para organizar todo lo que debemos hacer y saludable para todo nuestro organismo, principalmente para nuestros niños y niñas, necesitan estructura y orden, puesto que cuando retomemos nuestra rutina habitual, el no haberlo hecho práctico en este período, al volver, podría significar más de un problema de adaptación.

Las rutinas son importantes porque:

  • Proporcionan seguridad y control sobre el entorno. Cuando nacen, los niños no conocen el orden de las cosas, somos los adultos los que debemos enseñarles a organizar su vida mediante horarios estables asociados a rutinas.
  • Permiten tener una estructura para predecir acontecimientos, ayudan a que el niño y niña vaya asimilando un esquema interno que convierte su mundo en un lugar predecible y por lo tanto, seguro, donde tengo cierto control sobre las cosas.
  • Aumentan la autonomía y autoconfianza
  • Pueden evitar conflictos o enfados innecesarios. El niño aprende cuáles son “sus tareas” y por tanto lo que los demás esperan de él o ella.

Para todos la rutina cambió, y frente a ello no hay mucho que podemos hacer. Lo cierto es que lejos de ser algo negativo, el giro de sacar de ello todo lo bueno que podamos rescatar, es lo que hará la diferencia si en algún momento volvemos a experimentar una situación similar, pues tendremos aprendizajes y conocimientos previos que podremos poner en práctica en aquellas u otras situaciones de la vida cotidiana, es decir anticiparnos, planificar y tomar decisiones. Una experiencia de cuarentena sanitaria no solo nos está diciendo cuídate, nos otorga espacios de aprendizaje y reflexión, no para el momento, sino para la vida que continua y entre un antes y el después muchas cosas habrán cambiado y otras se habrán incorporado de manera permanente.

Este período nos puso a prueba como sociedad organizada, vino a reestructurar nuestro funcionamiento y organización, pero también a promover nuevas modalidades de aprendizajes, de trabajo en casa y no en la oficina, es por lejos una experiencia de moldeamiento de hábitos. Habrán de ahora en adelante, prácticas que pueden tornarse para algunos permanentes y para otros más pasajeras, lo cierto es que estamos aprendiendo a hacer las cosas diferentes, y sin ir más lejos nuestros hijos e hijas por ser nativos digitales, desde la panza vienen predispuestos a conectarse diferentes, a temprana edad se relacionan con la tecnología y a través de ella, por lo que no dudemos que con el tiempo sean ellos que nos enseñen a como movernos en el ciber espacio, ante eso es esencial acompañarlos, supervisar el uso que hacen de ella e involucrarnos en su proceso de enseñanza y aprendizaje, el moldeamiento de nuestra estructura cerebral en este periodo es para todos, sin excepciones, pero mantener cierto orden de funcionamiento es primordial para que esa nueva reestructuración sea gradual y al volver a lo que ya conocemos sea la misma plasticidad la que nos permita reconocer lo que hacíamos antes y cómo lo hacíamos, sin perder lo nuevo que seguro será útil de aquí en adelante.

Ps. Daniela Miranda L.
Encargada de Formación y Convivencia Escolar.
Academia Iquique.